Tesis
Casi la mitad de la energía del país se consume en el noroccidente, y toda pasa por un punto crítico: la subestación de El Progreso.
Resumen
Más allá de las pérdidas técnicas y no técnicas, que cuestan al país más de 20 millones de lempiras al día, el capítulo se centra en la región. El noroccidente concentra la mayor demanda del país y depende de un corredor de transmisión de más de 400 kilómetros que trae la energía del sur, y de un solo punto de llegada. La propuesta es redistribuir los flujos, preparar la red para generación a gran escala desde Puerto Cortés y crear rutas alternas.
Los siete proyectos de transmisión
- Línea de transmisión San Pedro Sula Sur–La Victoria.
- Línea de transmisión San Pedro Sula Sur–San Buenaventura.
- Proyecto Puerto Cortés–La Victoria–Bermejo.
- Normalización de la subestación Choloma.
- Línea de transmisión Progreso–San Pedro Sula Sur y sus ampliaciones.
- Repotenciación de los tramos Bermejo–Bellavista–Choloma–La Victoria.
- Nuevas subestaciones en Calpules, El Centro, El Estadio y La Victoria, en San Pedro Sula.
Transcripción del capítulo 10
Saludos a todos. En esta presentación tocaremos el tema de la energía eléctrica, teniendo en cuenta que se trata de la fuerza que impulsa la productividad, el progreso y el desarrollo mismo de las comunidades, las ciudades y los países.
Aunque existen graves problemas estructurales, como las pérdidas técnicas y no técnicas, que impactan de manera dramática en las finanzas públicas y generan pérdidas de más de 20 millones de lempiras por día, nos enfocaremos en los problemas de nuestra región, el Valle de Sula.
Inicio mencionando que la región noroccidental concentra la mayor demanda energética del país. De hecho, desde el año 2020 la región consume casi el 50 % de toda la energía generada en Honduras. Por otro lado, resulta difícil creer que la estabilidad del suministro en el Valle dependa del correcto funcionamiento del corredor de transmisión sur–norte, que transporta la energía solar y eólica concentrada en el sur del país, especialmente en los departamentos de Valle, Choluteca y Francisco Morazán, a lo largo de más de 400 kilómetros, para luego conectarse con la energía que le inyectan en su trayecto los proyectos de El Cajón, Cañaveral y Río Lindo. Además, toda la energía que consumimos llega a la subestación de El Progreso, que se constituye en el punto crítico para toda la región noroccidental y el litoral atlántico del país.
¿Qué proponemos? Uno: redistribuir los flujos de energía para aliviar y equilibrar las cargas en líneas de transmisión y subestaciones eléctricas. Dos: preparar la red para la incorporación de generación a gran escala desde Puerto Cortés. Tres: robustecer la red con vías alternas para los flujos de energía, de modo que tenga mayor capacidad de respuesta ante contingencias o eventos inesperados.
Lo anterior, a través de siete proyectos: uno, la línea de transmisión San Pedro Sula Sur–La Victoria; dos, la línea de transmisión San Pedro Sula Sur–San Buenaventura; tres, el proyecto Puerto Cortés–La Victoria–Bermejo; cuatro, la normalización de la subestación Choloma; cinco, la línea de transmisión Progreso–San Pedro Sula Sur y sus ampliaciones; seis, la repotenciación de los tramos Bermejo–Bellavista–Choloma–La Victoria; y siete, la construcción de nuevas subestaciones en Calpules, El Centro, El Estadio y La Victoria, todas en San Pedro Sula.
De nuevo, esto es lo que necesitamos. Debemos ser claros y específicos, y lograr que las voces que nacen de nuestra región se traduzcan en hechos y resultados tangibles para el progreso de todos los hondureños. Por eso quiero despedir esta cápsula citando a una de las mentes más brillantes de nuestra historia: «Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». Eso pedimos y esperamos: voluntad para promover un desarrollo sin precedentes en nuestro Valle de Sula. Porque cuando se quiere, se puede.
